El cambio generacional en el campo colombiano, una prioridad de Colombia Alimentaria

Motivos económicos, sociales y la falta de oportunidades son algunos de los factores que están desmotivando a los jóvenes a permanecer en el campo, por tanto, el relevo generacional en el agro colombiano está rezagado.

Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) para 2021 tan solo 3,2% de los productores agropecuarios en Colombia pertenece a los jóvenes (entre 15 y 29 años de edad), mientras que 39% de los cultivadores están entre los 50 y 64 años. Lo que demuestran estas cifras es el bajo nivel de relevo y empalme generacional que se viene dando en el sector rural del país.

Adicional a esto, un estudio de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Cundinamarca, denominado ‘Diagnóstico de la juventud rural en Colombia’ del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, indica que 24,5% de los jóvenes rurales no estudia y tampoco trabaja; y 12% migra a las zonas urbanas por razones laborales y educativas.

Y las cifras siguen. Según el presidente del Consejo de Secretarios Agricultura de Colombia (Consa), Rafael Correa, los jóvenes no están viendo en el campo colombiano una opción digna, ni rentable. En enero de este año, dijo a través de su cuenta de Twitter que “en 10 años no tendremos quien siembre nuestra comida en Colombia. Es grave que la edad promedio de nuestros agricultores supere los 57 años y urge un plan para que el campo sea una opción para las nuevas generaciones”. 

Ante esta realidad, uno de los ejes temáticos fundamentales que busca tratar desde Colombia Alimentaria es la imperiosa necesidad del relevo y el empalme generacional para identificar nuevas ideas y alternativas que permitan integrar productivamente a esta población en las producción agropecuaria, justamente por ser un elemento clave para contribuir a la sostenibilidad alimentaria.  

Sandra Liliana Mahecha Herrera, secretaria de Agricultura de Cundinamarca, comenta que la principal causa para que muchos jóvenes no quieran quedarse en el campo, es la pérdida de rentabilidad de la actividad productiva de las áreas rurales como la agricultura, la ganadería y las labores conexas como la oferta de productos y servicios de apoyo. 

Pero también hay factores internos, dice Mahecha, como la dificultad para acceder a la tierra por parte de los productores, la violencia armada, la carencia de servicios públicos en el sector rural, la baja calidad de la educación, las limitantes para acceder al crédito para los jóvenes, el inequitativo acceso a la tecnología y a los servicios de extensión agropecuaria, los bajos precios que se pagan a los productores rurales por su producción, entre otras razones.

Ante este panorama, indica Mahecha: “Para los jóvenes rurales es mucho más rentable y requiere de menos esfuerzo otro tipo de actividades como vender minutos en los pueblos, ser vigilante, ser mano de obra del sector construcción, peor aún, hacer parte de grupos armados ilegales o migrar –así sea para lavar platos – al exterior”.

Para Guillermo Trujillo Estrada, exsecretario general de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), el relevo generacional en el agro colombiano no se está dando, por la falta de propiedad de la tierra. Un joven sin esperanza que trabaja por un jornal, busca su porvenir en la ciudad, que le ofrece múltiples oportunidades”. 

Es más, anota que la tendencia de migrar continúa impulsada por los mismos padres, quienes promueven a las nuevas generaciones a emigrar, y dicen con relativo orgullo: “yo eduqué a este muchacho para que no tenga que vivir lo que yo he vivido en el campo, quiero que salga a buscar oportunidades”.

Para evitar esto, Trujillo considera, que el primer requisito es garantizar que tengan una pequeña propiedad, eso los amarra a defenderla y hacerla productiva, mientras que los que simplemente son jornaleros, no tienen ningún incentivo para permanecer.

Jacqueline Rojas, directora del Sena Regional Atlántico y quien además será una de las panelistas del Foro Caribe Alimentario que se llevará a cabo el 22 de julio en Barranquilla, observa que, al realizar ejercicios de planeación con la comunidad, la postura de los jóvenes es clara, son pocos los interesados en continuar la tradición familiar de trabajar en el campo y prefieren otros programas de formación y aseguran no querer continuar con la línea de pobreza de sus familias.

Por tanto, señala, que es necesario crear una oferta de formación atractiva que potencie las habilidades en la agroindustria con transformación de productos primarios que, con la ayuda de tecnología, permita el desarrollo de actividades innovadoras que atraigan el interés de los más jóvenes, así como habilidades emprendedoras y financieras que los lleve a la estabilidad de su negocio. 

Carlos Armando Uribe, director de Asuntos Gremiales de la FNC, subraya que en el cambio generacional debe haber una correlación entre las partes y lo que se busca es darle la oportunidad al joven a que madure y a medida que se va relacionando con las personas mayores, tenga la capacidad para innovar con el apoyo de la experiencia.

Entre las estrategias que se deben adelantar para incentivar a las juventudes a quedarse en el campo, Uribe destaca, desarrollar el liderazgo de las nuevas generaciones de caficultores, promover emprendimientos y asociatividad entre ellos, algo importante que tengan acceso a la tierra y cuenten con líneas de crédito diseñadas para jóvenes.

Cortesía Federación Nacional de Cafeteros

Considera que el Gobierno Nacional debería tener una dependencia exclusiva para el manejo del cambio generacional, eso fue lo que hizo la FNC que, al ver semejante debilidad, creó una división de desarrollo social y uno de los puntos es el empalme generacional, porque aquí nos estamos quedando sin gente en el campo.

Para controlar esta situación, el Sena desarrolla procesos de capacitación intensiva en proyectos agropecuarios que permiten la generación de planes de negocio, estos son sujetos de financiamiento con capital semilla provenientes del Fondo Emprender y que permiten que la idea de negocio de jóvenes rurales se convierta en emprendimientos que favorecen el empleo y la generación de ingresos en el campo.

El Ministerio de Educación, junto con el de Agricultura, ha establecido modelos de educación formal rural como es el caso del Bachillerato Técnico con énfasis en la producción Agropecuaria y la Agroindustria.

La Fundación Grupo Bancolombia ofrece a los jóvenes que residan en zonas rurales y que pertenezcan a los estratos 1, 2 y 3, becas para promover el acceso y la permanencia de estos en la educación superior.

Lina Montoya, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Bancolombia, señala que con estas becas “tenemos el propósito de promover desarrollo económico sostenible en la ruralidad para lograr el bienestar de todos, pues entendemos la importancia del campo para el crecimiento del país”.

Estos programas buscan la creación de nuevas generaciones de campesinos, pero teniendo en cuenta que lo rural no es sólo lo agropecuario y de esta manera abrir el panorama, para que los jóvenes puedan quedarse en el campo generando ingreso, no sólo a partir de las actividades agropecuarias, sino, además con labores conexas como el agroturismo, los servicios ambientales, los negocios verdes e incluso la economía del cuidado.

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